miércoles, 31 de diciembre de 2008
EL EFECTO TRANSITORIO
Las cosas cada día van más rápido, todo evoluciona y todos también lo hacemos a la velocidad de la luz, pero aunque todo cambie por fuera, muchas veces es lo de adentro lo que importa, hoy sentada en mi computadora a las 10.30 de la noche, a dos días de recibir el año 2009, voy recordando todo lo que pasa en un año, todo lo que se vive en un año, todo lo que se comparte con los demás. Es una licuadora de memorias que juntas forman una cápsula en el tiempo, una cápsula en mi vida, algo que permanecerá por los tiempos aunque el efecto transitorio de los años siga avanzando y yo envejezca con él. Pero no importa lo que no se hizo en este año, lo que no viví, tengo suficiente tiempo para hacerlo, para disfrutarlo más, el efecto transitorio a veces me obliga a hacer las cosas, solo por hacerlas, sin disfrutarlas, sin vivirlas, esas cosas son como frutas secas en un árbol ya viejo, que no brillan por si solas y no se distinguen entre las demás, son solo “una más” en ese viejo maletín de recuerdos llenos de polvo y maquillaje barato. A veces pienso que más que recuerdos que hoy escribo, es mi vida ilustrada en palabras que brotan de mi cabeza cuando estas son invocadas, un toque divino de magia expresada con letras que juegan a ser palabras, esas palabras que juegan a ser oraciones y esas oraciones que son simplemente recuerdos puestos en la hoja de un documento de Word en el que escribo hoy.
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